Un tema constante durante las discusiones de caso clínico siempre es el coeficiente intelectual de los niños con autismo, pero estas dudas se han hecho extensivas hasta los profesores de educación inicial quienes son los primeros profesionales que se enfrentan al niño o niña con comportamiento autista, y quienes desafortunadamente al no estar capacitados en el tema tienden a segmentar y postergar el desarrollo propio del niño y esto porque carecen de la metodología adecuada para llegar a ellos en el aula.
Para todo esto debemos decir que el autismo por lo general es adquirido y se adquiere hasta antes de los 3 años de vida, significa que en este período su desarrollo evolutivo es regular lo que significa que durante los primeros años de vida alcanzan niveles normales en su coeficiente intelectual y estos se pone de manifiesto en sus procesos de socialización, en su lenguaje que por lo general está acorde a su edad cronológica, a la psicomotricidad porque los niños empiezan a gatear, caminar y hasta correr, incluso se ponen de manifiesto habilidades propias e innatas a la persona.
La situación es adversa y diferente cuando el autismo aparece manifestándose con retrasos del desarrollo que es casi siempre aproximadamente a partir de los 18 meses de edad, época en que la persona ya debe haber recibido por lo menos una buena dosis de mercurio en las vacunas que de acuerdo al rol de vacunación son 14 virus los inyectados hasta esta edad, situación que hace más vulnerable la salud inmunológica del niño, pero esto no sólo es un proceso que genera retraso sino también es degenerativo, vale decir que la persona pierde destrezas adquiridas, en algunos casos van dejando hasta de caminar, por mencionar alguno que nos pueda mostrar una idea.
Como lo dijimos anteriormente en la gran mayoría de los niños con autismo se manifiestan los síntomas a partir de los 18 meses hasta los 3 años de edad y de allí en adelante comienzan a surgir los síntomas propios del autismo, que hacen visibles indicadores de retraso, por lo que muchos profesionales suelen asociar erróneamente al autismo con retardo mental, desvinculándose algo tan importante como el pensar que el niño está contaminado y por ende en desventaja para medírsele su CI con una prueba estandarizada.
Lo correcto no es pensar que las personas con autismo tienen retardo mental sino más bien potencial izar su coeficiente intelectual estimular aprendizajes, no creer que no podrá conseguir y lograrlos, tomará más tiempo por falta de atención, hiperactividad, falta de contacto visual etc., pero trabajando constantemente en habilidades cognitivas, los que deben ir de la mano con tratamientos que a la fecha sabemos que nos ofrecen buenos resultados en la superación del problema como tratamiento biomédico, la dieta alimentaría y la psicoterapia misma, llegaremos a los resultados que buscamos.
Es preciso pensar que sólo necesitan la oportunidad para demostrar su capacidad, como cualquier persona neurotípica, que requiere de una oportunidad para demostrar sus habilidadesl. Sólo debemos darle un punto de apoyo y ellos moverán el mundo.

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