Los promotores de los transgénicos (organismos genéticamente transformados = OGT), gritan, alardean y prometen que éstos serán más nutritivos, aumentarán las cosechas y disminuirán el uso de químicos, y por ello, son la solución para el hambre en el mundo. Insisten en que debiéramos, aceptar los riesgos que estos cambios conllevan, porque como en todo desarrollo hay cambios y estos traen consigo riesgos y siempre hay quienes no comprenden la ciencia y se resisten a los cambios. Pero a mi entender la realidad de los transgénicos nos muestra que no cumplen con ninguna de estas promesas, muy por el contrario los conocedores en el tema nos dicen que con ello se destruye la producción de alimentos orgánicos y peor aún con los transgénicos se produce menos producen menos OGT, se usan más químicos, se generan nuevos problemas ambientales y por ende de la salud, y este probablemente sea el punto que para quienes estamos comprometidos con la salud de la personas nos rasguñe más y protestemos, porque al mal cultivarse la tierra y transformar los alimentos se dañara nuestra salud, y sólo para pensar y recordar un poco, iremos a lo que dijo Hipócrates hace cientos de años atrás, SOMOS LO QUE COMEMOS, inferimos entonces que nuestro organismo estará contaminado con los químicos propios del proceso OGT, sinceramente es para pensar y repudiar que un puñado de individuos insensatos con la salud de la población sostengan la tesis de que es absurdo colocar en los empaques que el producto es OGT. Pensamos que el Estado está en la obligación de velar por la salud de los peruanos.
Al margen de lo anteriormente mencionado los productos transgénicos crean más desempleo y marginación, concentran la propiedad de la tierra, contaminan cultivos esenciales de las economías y las culturas, como el maíz, aumentan la dependencia económica y son un atentado a la soberanía.
1. La ingeniería genética se basa en más incertidumbres que conocimientos Los transgénicos son organismos a los que se les ha insertado material genético de otras especies, por métodos que jamás podrían ocurrir en la naturaleza. La tecnología de la ingeniería genética tiene tantas incertidumbres y efectos colaterales impredecibles, que no podría llamarse ingeniería ni tecnología. Es como construir un puente tirando bloques de una orilla a la otra, esperando que caigan en el lugar correcto. La realidad es peor, porque los transgénicos no son inertes, sino organismos vivos que se reproducen en el ambiente, fuera de control de los que los han creado.
2. Conllevan riesgos para la salud Si usted fuera a una tienda y viera un anuncio de galletas que dice "no hay pruebas de que sean malas para la salud", ¿las compraría? Yo no. Y creo que nadie más. Por supuesto, la industria biotecnológica no está buscando estas pruebas. Pero la verdadera Caja de Pandora, son los efectos impredecibles: ni los que construyen transgénicos saben qué efectos pueden tener en la salud humana y animal, al recombinarse, por ejemplo, con nuestras propias bacterias o ante la posibilidad de que nuestros órganos incorporen parte de estos transgénicos, como ya ha sucedido en pulmones, hígado y riñones de ratas y conejos.
3. Tienen impactos sobre el medioambiente y los cultivos No hay casi estudios sobre los impactos en los cultivos y en el medioambiente. Sin embargo, es claro y tristemente demostrado con la contaminación transgénica del maíz en México, que una vez que los transgénicos sean liberados, contaminarán los demás cultivos, por polen, viento e insectos. Los cultivos insecticidas pueden afectar a otras especies que no son plaga de los cultivos,¬tal como se comprobó que el polen de maíz afecta a las mariposas Monarca-- y en países de gran biodiversidad, los riesgos se multiplican.
En varias de las plantas de maíz contaminadas que se han descubierto en México, se notaron deformaciones.
4. No solucionan el hambre en el mundo: la aumentan Actualmente se producen el equivalente a 3,500 calorías diarias por habitante del planeta: cerca de 2 kilos diarios de alimentos por persona, lo suficiente para hacernos a todos obesos. El hambre en el mundo no es un problema tecnológico. Es un problema de injusticia social y desequilibrio en la distribución de los alimentos y la tierra para sembrarlos. Los transgénicos aumentan estos problemas.
5. Cuestan más, rinden menos, usan más químicos Desde que Estados Unidos comenzó con los transgénicos en 1996, el uso de agroquímicos aumentó en 23 millones de kilos.
Las semillas transgénicas son más caras que las convencionales. Esto hace que en algunos casos, aún cuando provisoriamente haya un pequeño aumento de producción, éste no compensa el gasto extra en semilla. Lo cierto es que la mayoría no pueden elegir, ya no tienen sus propias semillas, hay falta de opciones en el mercado y tienen fuertes ataduras con las multinacionales semilleras.
6. Son un ataque a la soberanía Prácticamente todos los cultivos transgénicos en el mundo están en manos de cinco empresas transnacionales. Son Monsanto, Syngenta (Novartis + AstraZeneca), Dupont, Bayer (Aventis) y Dow. Monsanto controla más de 90% de las ventas de agrotransgénicos. Las mismas empresas controlan la venta de semillas y son las mayores productoras de agrotóxicos. Lo cual explica porqué más de las tres cuartas partes de los transgénicos que se producen en realidad --no en la propaganda-- son tolerantes a herbicidas y aumentan el uso neto de agrotóxicos.
Aceptar la producción de transgénicos significa entregar a los agricultores, de manos atadas, a las pocas transnacionales que dominan el negocio y enajenar la soberanía alimentaria de los países.
7. Privatizan la vida Todos los transgénicos están patentados, la mayoría en manos de las mismas empresas que los producen, significa un atentado ético, en tanto son patentes sobre seres vivos, y además son una violación flagrante a los llamados "Derechos de los Agricultores" reconocidos en Naciones Unidas como el derecho de todos los agricultores a guardar su semilla para la próxima cosecha. Las patenten impiden esto y obligan a los agricultores a comprar semillas nuevas cada año. Si no lo hacen, se convierten en delincuentes.
8. Lo que viene: semillas suicidas y cultivos tóxicos La próxima generación de transgénicos incluye cultivos manipulados para producir sustancias no comestibles como plásticos, espermicidas, abortivos, vacunas. En Estados Unidos hay más de 300 experimentos secretos (pero legales) de producción transgénica de sustancias no comestibles en cultivos: fundamentalmente en maíz. Se nombra la producción de vacunas en plantas como si esto fuera algo positivo: ¿pero qué sucedería con estos farmacultivos si se colaran inadvertidamente en la cadena alimentaria? La mayoría de nosotros ha sido vacunado contra algunas enfermedades -¿pero se vacunaría usted todos los días? ¿qué efectos tendría esto?. Ya se han producido escapes accidentales de estos cultivos.
9. La coexistencia no es posible ni el control tampoco Tarde o temprano, los cultivos transgénicos contaminarán todos los demás y llegarán al consumo, sea en los campos o en el proceso post-cosecha. Según un informe de febrero 2004 de la Unión de Científicos Preocupados de Estados Unidos, un mínimo de 50 por ciento de las semillas de maíz y soya, de ese país que no eran transgénicas, están contaminadas. El New York Times (1-3-04) comentó sobre esto "Contaminar las variedades de cultivos tradicionales es contaminar el reservorio genético de las plantas de las que ha dependido la humanidad en gran parte de su historia. (...) El ejemplo más grave es la contaminación del maíz en México. La escala del experimento en el que se ha embarcado a este país --y los efectos potenciales sobre el medio ambiente, la cadena alimentaria y la pureza de las semillas tradicionales-- demanda vigilancia en la misma escala".
10. Ataque al corazón de las culturas La contaminación del maíz en México, su centro de origen, concentra todos los problemas que describimos hasta aquí, pero además es un ataque violento al corazón mismo de las culturas mexicanas y podría estar ocurriendo en nuestro Perú, dañando nuestra impresionante cultura culinaria y los mil usos que se le dan al maíz, a sus economías campesinas, a las bases de la autonomía indígena.
Es por ello la importancia en el etiquetado que indique se trata de un alimento OGT sólo así podríamos detectar si hay transgénicos, porque sólo dependemos del juicio de la propia empresa que los produce y que nos entregue la información, cosa que injustificadamente hay quienes son renuentes a hacer, y por la que ponen altos costos que cargan a las víctimas de la contaminación. Pero nuevamente está en nuestras manos velar por la salud de nuestros niños, porque como ya está demostrado son los ustedes los padres quienes con la investigación han descubierto las mejoras de la salud de sus niños y hasta la recuperación máxima de sus hijos de las garras de la contaminación y la intoxicación.
